PERFILES

 Mtro. Luis Verdugo

DON LUCHITO SE VA DEL CONSERVATORIO

Luis Verdugo Rojas, luthier y restaurador de pianos, gestor del Taller de Construcción de Pianos del Conservatorio Nacional de Música se va de la institución, luego de 24 años de servicio. El pasado  22 de diciembre presentó su renuncia para acogerse al derecho de jubilación.

Laboró en el Conservatorio desde el 1º de enero de 1976, convocado por el director de ese entonces, el maestro Luis Humberto Salgado. “… tiempo durante el cual he servido a la Institución con total entrega y responsabilidad, pudiendo plasmar en una hermosa realidad la construcción de los primeros pianos ecuatorianos…” manifiesta en su carta de renuncia.

La institución prepara un concierto de despedida en honor al reconocido constructor de pianos.

 Quito, 7 de enero de 2009.

A continuación trascribimos dos notas publicadas por Cecilia González V. en la Revista Conservatorio No. 2 de febrero de 1991, sobre la vida del afinador de pianos nacido en Cuenca.

El Taller  de Pianos, esperanza para la industria musical del Ecuador.

¿Que no es posible?…  Por supuesto que sí!…

Don Luis Verdugo Rojas sabe construir pianos.  Realmente es un hecho singular en el país.  El afinador de pianos del Conservatorio Nacional de Música, don Luchito Verdugo Rojas, ha sido capaz de construir un piano del que “lo único que servía era la placa de hierro que resistió a la dentadura del comején que no pudo devorarla como devoró la madera”.

Uno  de  sus  clientes, el  Ab. Luis  Vélez, había  confiado  a don Luis, la reparación de un vetusto instrumento que fue importado a fines  del  siglo  pasado a la provincia de Manabí, donde el clima y el comején lo dejaron sin sonido. No había qué reparar…había que volverlo a construir…El desafío le era atractivo y aceptó el reto.  Y con sus manos y con nuestras maderas,  un  día el piano volvió a sonar.

La   tarea   no   fue   fácil, tuvo   que  estudiar, investigar,  observar  y   buscar las maderas precisas para sustituir al abeto y la haya con las que generalmente se construyen los pianos europeos y que por sus características de elasticidad y resistencia, son capaces de soportar tremendas tensiones a que están sometidas por  la  intensidad  del  sonido.  Estos sustitutos, Verdugo los encontró en el eucalipto y la caoba, pero principalmente en el primero, con el que fabricó la estructura básica del piano, que en este caso particular soporta una tensión de alrededor de 22 toneladas. En la caja de resonancia, supliendo la   necesidad   del   abeto (especie de pino con hebras rectas y estrechas que tienen hasta 12  hilos   por   cada pulgada lineal), el   hábil   artesano utilizó simplemente madera de cajones   de  las  mercaderías  que  nos  llegan del exterior, cuidando de escoger pedacitos que  no tenían nudos.  Esta madera debía soportar presiones de 160 libras por cada hilo y en los registros del bajo hasta de 300 libras.

En la parte inferior del piano, puso un encostillado como soporte del tablero principal, que forma el diafragma del instrumento y que vibra a manera de un amplificador.  En las partes ornamentales empleó la caoba y los elementos adicionales: clavijas y cuerdas, los importó de Alemania. Todo este conjunto de materiales e implementos, técnica y artísticamente tratados, ha dado como   resultado   un   hermoso piano   cuyo  sonido  no le pide favor al mejor instrumento importado de Europa.

 ¿Quién es don Luis Verdugo Rojas?   

Nació en 1931,  en  Cuenca.  Su  padre, don   Daniel  Verdugo   Álvarez, fue   un   famoso constructor   de   armonios, instructor  de  bandas  y  fagotista  de la Orquesta Sinfónica de Cuenca.

“Mi padre me formó en la música desde muy pequeño-nos cuenta-.  A la edad de 8 años era habilísimo  clarinetista; pero  después de  la  segunda  guerra  mundial  me  transformé  en músico profesional, como saxofonista de jazz. También tocaba  acordeón, pero de piano… nada.  Este instrumento me interesaba más bien como complemento de mi profesión, porque en la casa construíamos armonios y hacíamos mecánica de pianos.  Yo afinaba estos instrumentos desde la edad de 10 años, en el taller de mi padre”.

Cuando  vinimos  a  Quito  quise aprender piano en el Conservatorio Nacional de Música, pero  me  rechazaron “por  muy viejo”, dice; entonces, no queriendo alejarme de este bello instrumento, decidí dedicarme a restaurar su salud y en eso he estado hasta ahora. “Soy la obra maestra de mi padre”, dice con la garganta anudada y los ojos húmedos por la emoción  y  el  recuerdo,… él  me dio  la  vida  y me  dejó de herencia todo el tesoro de su experiencia. En honor a su memoria, los primeros pianos verticales serán bautizados con su nombre… descubre   una   de   las   estructuras   metálicas   y   vemos   grabado: DANIEL VERDUGO ÁLVAREZ e HIJOS.

 

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