CONSERVATORIO EN PROCESO DE CAMBIO

________________________________________________________________________________ 

Intervención del Maestro Raúl Ernesto Escobar Guevara, Director Ejecutivo  del   Conservatorio  Superior Nacional de Música,  en la Sesión Solemne que conmemoró el Centésimo Décimo Aniversario de Fundación.

________________________________________________________________________________

Quito,  lunes 26 de abril del 2010

Hace pocos días recibí un envío, muy gentil, de Rafael Pardo Avellaneda (al Director del Conservatorio), Director de la Fundación BBVA de Bilbao, con un ejemplar del libro “Una historia de la música contemporánea” del compositor, investigador y catedrático español Luis de Pablo.

Lo sugerente del título, al utilizar el artículo determinado para hablar de la Música Contemporánea, me obligó a hojear las primeras páginas de este compendio de conferencias, que el académico- para mí hasta ahora desconocido-, había dado en varias universidades españolas sobre el inabarcable tema de la Música y sus relaciones, sociales, individuales, económicas, culturales, pedagógicas  y políticas desde la óptica de un compositor, un artista.

Me llamó poderosamente la atención, sin embargo, algunos criterios expuestos en las primeras hojas por el Profesor De Pablo, y me obligó a concentrarme en la introducción con la que él explica el por qué de una historia de lo presente, no del pasado, que por lo general tiene una serie de arrestos para su confrontación, lo que en la categoría del “Hoy en día” difícilmente puede aceptarse como concluyente, sino apenas como una posición, un testimonio, presto a ser rebatido, incluso antes de debatido.

El Conservatorio Nacional de Música cumple hoy 110 años, y quizá hoy como nuca el antagonismo de la historia en tanto pasado y la historia en tanto presente, determinada por un proceso evidente de cambio, trascendental por los paradigmas que supera, niega o contrapone, matizan esta celebración.

Al respecto de una formulación semejante, el profesor de Pablo afirma que actualmente: “… la contradicción entre la creación musical en nuestro momento y el sentido que esa creación adquiere en la vida diaria, sometida a una velocidad de consumo y olvido,  da al traste con su posible riqueza”. En efecto, vivimos la era de la perecibilidad, todo es perecible, las personas no somos la excepción, pero no es una perecibilidad determinada por la irrevocable curva de existencia física y material, sino por los dictámenes de un marketing que nos tiene absortos con la rapidez con que el vértigo tecnológico propone y dispone la continuidad de ciertos artefactos, hasta hace 15 años, probablemente, inimaginables.

El Arte, las Artes, mantenidas en el tiempo con el concepto de un valor agregado por definiciones estéticas, aunque también ideológicas, parecería discordar con la lógica de esta “sociedad de las necesidades”, ajena a los preceptos de la misma economía clásica de Smith, Keynes y el propio Karl Marx, para quienes eran más bien las necesidades de la sociedad.

Para De Pablo existe un verdadero: “batiburrillo que resulta de la mezcla entre creación musical  y la avalancha sonora que nos devora en una falsa evolución acelerada y caótica provocada por un consumo, inmejorable triturador, que convierte en basura cuanto toca”. Al tenor de este razonamiento, habla él, de la “casi insalvable dificultad de atrapar el valor de nuestro presente”.

Esta institución, se encuentra protagonizando HOY un cambio sustancial no solo en la transformación de su visión, misión, modelo pedagógico, procesos didácticos internos, ni siquiera de la educación musical especializada, sino que se imbrica de esa manera en una reestructuración total del sistema educativo, que tras largos años de estancamiento y olvido, comienza a tomar un protagonismo desde lo público, que trae a colación justamente la labor del general Eloy Alfaro, quien en el contexto de la transformación liberal y la construcción del proyecto de nación fundó no solo este centro de formación, sino varios otros importantísimos que hasta hoy: Prevalecen.

¿Es entonces coincidencia, que la transformación que vive el país desde enero del 2007, ratificada por la aprobación de la constitución un año más tarde, nos ponga de nuevo ante la toma de decisiones que van en pos no de lo estático, inmutable, sino de lo imperecedero?

El Conservatorio Nacional de Música, desde 1900, a pesar de la difícil situación que históricamente la república ha evidenciado en lo social, económico, cultural y hasta geopolítico, es decir con  el subdesarrollo y los mundos de tercera categoría y que se nos ha encasillado, se mantuvo protagonista y gestor de cambios artísticos como el aparecimiento de la Orquesta Sinfónica Nacional; otros culturales, como el desarrollo y sistematización de los géneros de la música popular ecuatoriana; su estancamiento y sensible alejamiento del desarrollo científico musical en los últimos treinta años lo puso de manera peligrosa al borde de la desaparición, situación que finalmente revertida por el Ministerio de Educación,  quien hace trece meses determinó una reorganización que permita rescatar a la institución de un marasmo, al parecer insalvable.

Los ámbitos de la educación, generalmente estriban entre lo oficial y lo social, lo oficial se inhibió por décadas de asumir responsabilidades, y ahora lo hace, al amparo de la carta fundamental, pero ante todo para ratificar que las obligaciones del Estado con este sector son ineludibles.

El fundador de esta institución, Gral. Eloy Alfaro, decía con gran realismo  “En la demora está el peligro”, la inclusión del Conservatorio, de la educación artística, en el Sistema nacional de Educación, el retomarlo como su nombre, un “Conservatorio”: es decir, un centro de formación musical especializado,  no está dirigido ni en sus objetivos ni en su esencia hacia lo complementario, ni a lo recreativo, sino a lo profesional, era, es urgente. Es la única manera de perfilarlo para los próximos 50 o 100 años como el protagonista que debe ser.

Más aún, según Teodor Adorno, El mundo del Arte, de la pedagogía del Arte,  es el del “llegar a ser”, se elabora continuamente, se reinventa, hasta se contradice.

Bajo este parámetro tengo que sostener de manera tajante, que son por lo menos cándidos, si no mal intencionados, los comentarios de que al Conservatorio se lo ha convertido en un colegio de educación  regular; es decir, donde se imparte la educación general. ESO ES IMPOSIBLE, aquí se enseña música, se imparten fundamentos estéticos, psicomotrices, cognitivos del desarrollo instrumental y el canto, lo específico de este hecho no precisa para los expertos mayores explicaciones, pero hace evidente que, es ante todo y sobre todo un conservatorio.

El hecho que desde 1970 dependa del Ministerio de Educación, radica, en lo académico, en que su oferta se dirige,  de manera mayoritaria, a niños y jóvenes en  edades escolares y de bachillerato, y sus procesos formativos inciden en la personalidad de los individuos.

Desde el punto de vista legal, por encima de hallarse administrativamente adscrito al ministerio, el Conservatorio Nacional de Música, ha determinado modificaciones en su estructura y pensum de estudios desde hace 20 años, no desde marzo del 2009, por medio de acuerdos firmados por distintos ministros de esta cartera.

Desde 1998 cuenta con un registro otorgado par el CONESUP, textualmente: “En el nivel Tecnológico”, con lo que pasa a formar parte del sistema de educación superior, como lo ratifican el informe de la determinación de institutos técnicos y tecnológicos según el mandato 14 realizado por el CONESUP,  y el informe y calificación – no acreditación- del CONEA sobre el mismo mandato, en la que el nivel tecnológico de la institución recibió la calificación “A”.

La constitución, coloca a los conservatorios, debidamente acreditados y evaluados, como parte de la educación superior, lo que en modo alguno significa que un estudiante de 8 años del Conservatorio es universitario, sino que se va establecer un  proceso y reglamentación en la nueva ley de educación superior, para definir fundamentalmente la implementación  del tercer nivel en los estudios musicales, acorde a la formación que en los niveles previos ofrecen los Conservatorios.

La reforma curricular, le da coherencia a la existencia de los niveles en la formación musical conforme a la evolución psíquica y fisiológica de las y los estudiantes, anteponiendo el logro  de seres humanos en tanto artistas, sí, pero sobre todo seres humanos.

El otro componente de la educación, es lo social, durante años, la música en nuestro medio ha carecido de valoración como algo científico, y difícilmente se ha entendido la trascendencia estética. El historiador Pareja Diezcanceco, califica a la sociedad burguesa del Ecuador de 1900, como una “sociedad ignorante que reverencia a las Ciencias y desprecia a las Artes”, luego solo la decisión revolucionaria de Eloy Alfaro puede explicar, que ante ese escenario haya fundado un Conservatorio de Música. Porque entonces, al igual que hoy,   una reforma real no está dirigida a reproducir lo caduco de una mentalidad sino a cambiarlo.

Durante años nos acostumbramos a ver la perecibilidad como un hecho normal en la formación musical, su característica accesoria, dentro de una sociedad que musicalmente, entiende como idóneo lo masificado, mercantil y desechable; es la educación, son los procesos formativos los que pueden garantizar, “conservar” quizá, los elementos de trascendencia que le atañen.

Para resumir, cito nuevamente a Luis de Pablo, la Música es diversa, tanto como el ser humano, pero en nuestro caso, aunque podamos ampliar sus límites, no podemos incluirla toda: los procesos formativos se unen obligatoriamente a lo sistematizado, a la metodología. Y tomando las palabras de este compositor,  hago una relación entre lo que para él es Música de presente, y lo que nosotros entendemos como música a enseñarse en el presente:
“Una Música que prolonga nuestra historia en profundidad, que elabora nuestra herencia y muestra una capacidad ilimitada de invención, vida y variedad, permitiendo”…al estudiante, al artista, al compositor…” ejercer sus talentos como le plazca, pero con exigencia y creatividad. Una Música que, primero, represente a quien lo imagina, y si después, si está lograda, pueda aglutinar en su torno a un cierto número de sus semejantes. Una Música que no quiere distraer sino traer. Traer conciencia y sensibilidad profunda, no meras cosquillas sentimentales, halagos de casta o aturdimientos de borrachera”(Luis de Pablo).

Es decir, que estudiar, hacer música en este sentido es una actividad absolutamente presente, de cada día. Por tanto: DE TODA LA VIDA.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: